viernes, 25 de enero de 2008

Resultados electorales

Estimados lectores y lectoras (imaginar a Scorchy dando un discurso político):

Después de 15 días de referéndum tengo el placer de comunicarlesque hemos recibido numerosas de apoyo para nuestro proyecto (bueno, sólo 6). Como este blog es un espacio festivo de pluralidad democrática participativa, se atenderán las recomendaciones recibidas en el plebiscito y se pondrán en marcha a la brevedad posible.

El 80% de los participantes han decidido que los posts deben escribirse cuando se "los sienta". Así que cuando este puercoespín tenga algo que contar lo hará no importando que sea o no sobre viajes. De esta manera se intentará pegar posts más a menudo para que los indecisos puedan espinarse y quedarse clavados en este blog.

Por otra parte, desde ahora Scorchy responderá a todos los comentarios y preguntas que los amables lectores le hagan llegar. Pueden ser consejos sentimentales, preguntas de la vida privada de Alejandro (Ja... tengo la exclusividad) o opiniones políticas. Esperamos crear un puente comunicativo entre puercospín y lectores que favorezca a todos.

Me despido de ustedes de desde éste, su espacio virtual de confianza, agradeciéndoles su participación en este ejercicio democrático. Por último, les anunció que los próximos relatos de viaje que aparecerán en el blog sucedieron en 2007. Todavía no inauguramos el año viajero pues según Alejandro se necesita dinero para viajar y con nuestra próxima mudanza estamos escasos de esas fichitas graciosas conocidas como Euros.

viernes, 11 de enero de 2008

Aniversario y referendum


— ¡Felicidades Scorch, tu blog acaba de cumplir un año! — me despertó Alejandro por la mañana con un pastel de pasto y catarinas y una copa de cava.

¡Un año, y eso que acabo de escribir que los puercoespines no creemos en tiempos y ciclos! No obstante, y debido a que este es un blog democrático, participativo, espinoso y amigable, quisiera aprovechar esta fecha tan simbólica para presentarles un informe de actividades y convocar a un referéndum para que juntos decidamos el futuro de este espacio.

Primero, lo primero y segundo, lo segundo, como diría ese señor tan gracioso que se llamaba Cantinflas.

Reporte

  • Instalamos en marzo un contador de visitas y quebró en septiembre cuando rozábamos los 500 hits (para los neófitos cibernéticos, hits no son golpes sino veces que le hicieron clic a su ratón [y ratón no es un animal como yo pensaba sino un hardware]). Lo que nos dice que de marzo a septiembre hubo una media de 70 hits al mes.
  • Se investigó sobre nuevos contadores y para noviembre se firmo un tratado con “Blog Tracker” para volver a medir el éxito de esta bitácora.
  • Las estadísticas de Blog Tracker nos dicen lo siguiente:
    • De noviembre a Diciembre hubo 224 visitantes con 293 hits.
    • El día de más visitantes fue el 24 de diciembre con 24, ¡vaya coincidencia!
    • El grueso de los hits viene de México, España, Unknown y el Reino Unido. Sin embargo tenemos hits desde Colombia, Filipinas, Suecia, Austria, Georgia, Costa Rica, República Checa, Guatemala, Alemania, Francia, Perú, Uruguay, Argentina y los Estados Unidos de América. Por lo que deduzco que este blog se ha inscrito en la globalidad global.
  • Se instaló Last FM para que el lector pueda conocer los finos gustos musicales de este simpático erizo.
  • Se abrió una cuenta en youtube para alojar videos puercoespinales.


Planes a futuro

  • Inscribir el blog en Blogalaxia y en las bitácoras mexicanas (esto es consejo de Gilmar, el experto en bitácoras electrónicas)
  • Subir más fotos en forma de presentación
  • Opinar sobre más cosas además de los viajes que hago con Alejandro
  • Escribir más a menudo

Ahora, para que no haya quejas de que este espacio es autocrático los convoco a un referéndum para que entre todos hagamos de este espacio lo que todos queremos que sea.

¿Cree que Scorchy debe escribir más a menudo?

¿Cuántas veces al mes debe escribir Scorchy?

¿Scorchy debe opinar sobre política, deporte, espectáculos, sociales, gastronomía, la vida íntima de Alejandro?

¿Está conciente de que la calidad de lo publicado en el blog puede desmerecer si se aumentan sus entradas?

¿Debe Scorchy contestar a los comentarios dejados amablemente por sus visitantes?

Para contestar a esta encuesta sugiero utilizar la sección de comentarios de esta bitácora. Con un mínimo de diez respuestas daré por significativo el referéndum. De lo contrario se hará la voluntad del escribiente.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bon nadal!


Los puercoespines no tenemos navidad, de hecho creo que ningún animal la celebra. Consumir y comprar para celebrar el nacimiento de un Dios me parece tan raro como la idea misma de un ser superior que todo lo ve y lo juzga. A pesar de eso, me he dado cuenta de que con pretexto de la navidad las sonrisas son más frecuentes en los adultos, las parejas pasean de la mano, los amigos se hablan por teléfono, se planean grandes comilonas, en los niños se ve un brillo de ilusión más intenso que en otras épocas, hasta Alejandro tararea villancicos de su infancia de manera inconsciente. También hay muchos foquitos y canciones, y como bien saben la luz y los sonidos emocionan mucho a los puercoespines.

Así que me uno al llamado “espíritu navideño” que invade estas latitudes mediterráneas y haciendo uso de este fantástico blog enviaré un espinoso y fraterno abrazo a todos los lectores, no lectores, amigos, enemigos, familiares, conocidos y demás entes que hayan o no pasado su vista por esta bitácora viajera y espinada. Todos mis compañeros de viaje en esta expedición barcelonesa (Ver foto, sólo falta Alejandro) se unen a mi felicitación y la enriquecen deseándoles un feliz año lleno de música y foquitos.

Granada que está ensangrentada




—¿Pero por qué no volvemos ya a Barcelona? — le pregunté a Alejandro en el Ferry de Tánger a Algeciras.

—Tengo un asunto pendiente con Granada. No te he contado pero mi abuelo solía llamarme “el flaco de oro” en honor del compositor de la canción “Granada”. Es una canción famosa ¿recuerdas que le gusta mucho al capitán y que la interpreta uno de esos señores que cantan muy grave?

No pude tararear la tonada pero recordé que en la letra pero había una parte que decía algo sobre una ciudad ensangrentada.

—Esa misma mi querido puercoespín, tienes buena memoria. También habla sobre mujeres que conservan el embrujo de los ojos moros, a ver si encontramos algunas. — continuó con la explicación y me prometió que con tan sólo ver la ciudad entendería más la canción.

Les cuento que Granada es una ciudad bastante pequeña, incluso en comparación con Barcelona. Tiene tres barrios principales. El Sacromonte, que según la guía turística era el barrio gitano. El Realejo o barrio judío; y el Albaycin o barrio moro. Como es nuestra costumbre caminamos casi todo el día y no paramos hasta que nos rugiera la tripa de hambre o se nos secara la lengua por deshidratación.

Recorrimos los tres barrios pero quizás debido a la vibra morisca que traíamos pegada paseamos más por el Albaycín y sus callejuelas empinadas y laberínticas. Entramos a sus teterías famosas y descansamos en sus pequeñas plazas donde se juntaban músicos a tocar flamenco. También era el mejor lugar para ver la majestuosa Alhambra, que según Alejandro acababa de perder una clase de concurso para ser una de las Maravillas del Mundo.

Al ver la Alhambra con la luz del atardecer comprendí porque el tal Agustín Lara escribió eso de la ciudad ensangrentada. Alguien nos dijo que el color rojizo de la Alhambra podía deberse a las guerras entre moros y cristianos que empaparon el suelo de sangre o bien a la cantidad de hierro que tiene la piedra granadina. Yo me inclino por la primera explicación aunque es cierto que los insectos granadinos sabían un poco a metal.

Todo lo que no dormimos en Marruecos lo dormimos en Granada y por ese gran vicio que tiene Alejandro de dormir plácidamente hasta altas horas de la mañana, nos perdimos la entrada al palacio de la Alhambra con todo y las 3 horas de fila que hicimos. Nuestro esfuerzo sólo nos valió entrar a los jardines y al Palacio del Generalife donde había unas plantitas deliciosas y Alejandro se puso en su fase meditabunda que se extendió durante todo el día.

Para contrarrestar el calor veraniego fuimos un día a la ciudad costera de Salobreña donde Alejandro fue picado por un par de medusas que lo obligaron a permanecer como lagartija en la playa mientras yo construía castillos de arena.


lunes, 10 de diciembre de 2007

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Assalemu Aleikum


Después de ocho días en suelo Magrebí casi todos chapuceaban alguna frase en árabe o en francés. Sabíamos que en cada ciudad habría una kasbah y un zoco, que los berebers harían lo imposible para vendernos lo más insignificante y que el té de menta sabía mejor sin azúcar. Por mi parte cada vez que me encontraba un perro o un caballo los saludaba con un “Assalemu Aleikum”.

Salimos del desierto muy temprano para evitar la escalada de calor. Fue una sabia decisión de Assis pues el próximo punto en nuestro mapa, Ikfrane, estaba encaramado en la montaña y en invierno es un puerto de ski. Hubiera sido divertido, aunque no creo que muy saludable, pasar de los 44 grados a los cero y de la arena a la nieve. Por desgracia, en verano Ikfrane no tenía nieve y la diferencia de temperatura no fe tan drástica. Aún así, las diferencias arquitectónicas, gastronómicas y de estilo de vida eran abismales. En Ikfrane no había jaimas ni casas de piedra color sepia. La ciudad estaba repleta de casas a doble agua como si fuera un pueblito de Suecia. No encontré esas langostas tan ricas que había en el desierto y las moscas no eran tan abundantes. Así que me tuve que conformar con las piñas que caían de las coníferas y unos insectos parecidos a las cigarras. La gente iba más elegante. Parecía como si la pobreza fuera un enfermedad del calor y que en el frío la gente podía tener autos y casas grandes. Para que el pobre Assis pudiera descansar pernoctamos en un camping y salimos a la mañana siguiente hacia la ciudad imperial de Fez.

Fez cuenta con un barrio periférico digno de cualquier ciudad latinoamericana, con bancos, comercios pequeños, casas pequeñas, McDonald’s y antenas de celulares. Pensamos que el mote de “ciudad imperial” le quedaba chico hasta que nos sumergimos en su centro. El zoco era un mezcla de Tepito con un mercado de la Edad Media lleno de colores, olores y sabores. Alejandro y compañía hicieron las últimas compras del viaje y yo me dedique a abastecerme de las abejas que se quedaban pegadas a los dulces berebers.

En Fez se pudieron satisfacer dos de los deseos que compartían la mayoría de los viajantes: visitar el interior de una mezquita y de una madrasa. Como cuando te comes una semilla y te salen dos. Hicimos la visita en el mismo día. La madrasa es muy parecida a los conventos, con celdas pequeñas y patios grandes y luminosos. Alejandro me comentó que seguramente se debía a que se necesita tranquilidad de espíritu y silencio para desenredar los versos crípticos de cualquier texto considerado como sagrado ya sea el Corán, la Biblia o la Torá. Como casi siempre hago cuando empieza a hablar de religiones, me alejé lentamente pues es un tema que no entiendo. Sin quererlo, al huir me escurrí dentro de una mezquita justo a la hora del rezo. Como no quería ser irrespetuoso y parecer un turista que cree que las mezquitas son, igual que las iglesias cristianas, centros de interés turístico simplemente imité a los fieles que se tendían sobre sus tapetes con devoción y me puse a rezar. Nadie notó mi presencia y al terminar pude alcanzar al grupo que ya se dirigía rumbo a un mausoleo que en su tiempo fue mezquita. Fingí estar impresionado de estar dentro de una mezquita. No compartí mi secreto mas que con Alejandro y se puso tan contento con mi respeto que me compró casi 300 g. de dátiles.


A día siguiente fuimos a Meknes, una ciudad muy parecida a Fez, pero en escala un poco menor. Pasamos como japoneses por la ciudad pues al día siguiente teníamos que salir a las 3:00 a.m. rumbo a Tánger, donde tomaríamos el ferry de vuelta a España. Nos esperaba la última parada del viaje: Granada.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Scorchy de Arabia, el gladiador




¿Ustedes le creerían Alejandro si un día les dice —Mañana estaremos en el desierto Scorch? Yo no. Y menos si pone esa cara de seriedad aventurera que te hace dudar si te está haciendo una jugarreta para hacerte repelar o quiere que te prepares para la aventura. Cuando dijo — Te he comprado unos dátiles para el camino, pero si quieres proteína mejor que caces algunas moscas en el Zoco de Marrakech — supe que estaba hablando en serio y días de aventura se cernían sobre nosotros. Así que después de dos días abandonamos el orden del caos de Marrakech.

Antes de continuar el relato, haré un breve paréntesis para contarles de nuestro chofer, guía y amigo Assis. Sucede que los expedicionarios catalano-mexicanos tenían la loca idea de rentar dos autos y recorrer las carreteras de Marruecos guiados por unos mapas sacados de Internet, su intuición y quizás un astrolabio. Al llegar al aeropuerto les comentaron que esa no era la mejor de las ideas y que dado que nunca habíamos estado en el país lo más recomendable era rentar una furgoneta y dejar que un guía nos condujera por los agrestes caminos marroquíes (que dicho sea de paso están mejor asfaltados que los mexicanos). Fue de esta manera como ese joven marroquí, curioso de la mujer occidental, religioso y simpático se unió a nuestra marcha magrebí.

Nuestra primera parada fueron las gargantas de Todrá y Dadés. Unos impresionantes desfiladeros que han labrado durante milenios los ríos en el alto Atlas dejaron en silencio a los aventureros. Mientras tomaban fotos y caminaban meditabundos yo pude llenar unas botellitas con agua fresca de la montaña para prepararme para la sequedad del desierto, pues los puercoespines no estamos acostumbrados a los climas secos.

La última parada antes llegar desierto fue en Aitt Benhaddou. Seguro no les dice nada el nombre (a nosotros tampoco en el momento) pero cuando nos contaron que era la kasbah mejor conservada del mundo musulmán y que por eso fue aprovechada como locación para películas como Lawrence de Arabia y Gladiador todo hizo sentido para mí. Sin ningún problema me vi atrapado junto con Maximus en el mercado de esclavos y luchando con él en el coliseo de su primera batalla. También pude situarme perfectamente en el lugar de Lawrence mientras negociaba con los imperialistas ingleses rodeado de jeques.

En menos de lo que lo que un bereber ofrece sus mercaderías, el paisaje mutó de rocas a arena. Esto quería decir que habíamos llegado al final de los 500 kilómetros que separan Merzouga de Marrakech. La carretera se lleno de granitos de arena, anuncios de pensiones y bolas de paja como en las caricaturas del coyote y el correcaminos. De pronto Assis dio un volantazo y nos internamos en un desierto de arena negruzca. Anduvimos unos cinco minutos y, como si fueran un oasis, las casitas de Merzouga empezaron a aparecer en el horizonte. Llegamos a las cuatro de la tarde y el calor ya había bajado a ¡nada más 46 grados!

Llegamos a la pensión y un singular hombre que se hacía llamar Hassan “El rey del desierto” nos anunció que nuestro viaje por el desierto lo haríamos de noche. Aunque hubo protestas en el grupo, pues muchos querían ver el atardecer en el Erg Chebbie (la puerta del Sahara), se aceptó la decisión y después de un descanso acalorado vimos caer la noche en la orilla del desierto de dunas. Yo descubrí que a ras de arena saltaban unos grillos que tenían un sabor seco y penetrante.

Para mi sorpresa la expedición la hicimos a lomo de dromedario. Alejandro se maravilló de descubrir que la profesión de camellero seguía existiendo y yo me sorprendí de lo malgeniudos que eran los amigos jorobados. Aunque pensándolo bien, supongo que yo también estaría molesto si mi trabajo fuera cargar turistas gritones que se sienten más seguros dentro un auto que sobre su giba. Como el trayecto duró poco más de dos horas pude platicar con uno que se llamaba Jimmy Hendrix y me sorprendió su sabiduría. Me explicó como leyendo las estrellas y saboreando el viento se podía guiar por las escurridizas dunas.

Lo mejor de la aventura en el desierto, además de los traseros adoloridos de mis amigos viajantes (Ja!) fue dormir al aire libre a mitad del desierto con las estrellas como único techo. Voy a confesarles que no veo mucho las estrellas debido a que el manto estelar me hace sentir aún más diminuto de lo que soy. Pero esta vez parecía como si estuvieran imantadas y fuera imposible quitar la vista de ellas. Como bien dijo Alejandro —este es uno de esos momentos para los que el único homenaje posible es el silencio. Y lo fue hasta que amaneció.