miércoles, 24 de diciembre de 2008


Interrumpimos esta divertida crónica de viajes, fiestas, actividades académicas, conciertos, y demás eventos que nos acaecen en este exilio patrocinado por CONACYT para entonarnos con la época del año.

Aunque Alejandro me ha intentado explicar lo que significa la Navidad (para el occidente judeocristiano, dice en su tono de seriedad que ya conocen) o lo bien que se la pasó en esta época durante su niñez (con ese dejo de nostalgia que se ha desarrollado), aun no comprendo por que hay tantos foquitos, musica tan monótona, intercambios de regalos, árboles cortados y recargados de adornos, comilongas espectaculares, en fin pareciera que la gente hace una tregua para pasársela bien no importando que hasta hace un día estuviera peleado.

Así que con este mismo espíritu les escribo a todos los amigos (y los amigos de Alejandro) para desearles que disfruten esta tregua festiva y que si se puede la prolonguen hasta año nuevo o hsta día de reyes, o mejor aún hasta San Valentín.

Abrazos espinosos pero cariñosos de su simpatico blogger

Scorchy

Ahora en inglés... paraq que no digan que nos soy un puercoespín de mundo (espero pronto poder escribirlo en francés)

We interrupt this entertaining blog about trips, voyages, concerts, academic events sponsored by CONACYT to enter the seasonal mood.

Alejandro have tried to explain me the meaning of Christmas ("in the jewish-christian world," in his serious mood that you all know) and all the fun he had when he was a child (in his nostalgic tone). However, I still don't understand why there are so much light, monotonous music, gift exchange, giant feasts, trees stuffed with stuff and so on. It seems like if people are in a kind of Cxmas Pax or truce, they all party no matter the day before yesterday they were quarreling.

So, with that same truce spirit I write this post to all my friends (alejandro's friends) to wish you enjoy this Pax until New Year, or until the Three Wise Kings arrive, if you can hold it until Valentines it would be even better.

Receive itchy but caressing hugs from

Scorchy

domingo, 30 de noviembre de 2008

L.A. Confidential


Llegamos a Los Angeles gracias al patrocinio de Lauris, la tía de Alejandro. Laura lleva 18 años en los USA y somos su primer visita oficial. No es que no hayan querido visitarla, es que por alguna razon que aun no comprendo las personas necesian de un papelito que les permita cruzar fronteras y nosotros lo tenemos (bueno sólo Alejandro lo tiene) y por eso pudimos visitarla.

Como si estuvieramos en el DF hicismo como una hora del aeropuerto a la casa de Laura, solo que a diferencia del DF o otras grandes ciudades lo que se ve no son casas o edificios sino puras autopistas llamadas "freeways". Ignoro por qué se llaman caminos libres si siempre están llenas de coches.


La casa de Laura es muy grande y en el viven 4 gatos, 2 perros y una tortuga. Al principio me fue dificil confiarme de los gatos pero mostraron ser tan amigables como su dueña. Los perros, de nombre Sadie y Lolita, fueron más asiduos y cotidianos compañeros. Nos acompañaban en nuestras mañanas de café y periódico y en nuestras cenas de cerveza y fotos.

No pasamos muchos días en California pero si muy prolíficos. El primer día fuimos a los Universal Studios. Fue como meterse en las películas. Nos atacó un T-Rex, fuimos tragados por Maggie Simpson y hasta charlamos con el Burro de Shrek.


Al otro día fuimos al acuario de Long Beach, donde vimos varios peces que bien podrían haberme tragado si me hubiera caido en su estanque. Por fortuna no sucedió y ahora les puedo contar la experiencia. Ese mismo día fuimos también a una playa que parecia el bazar de coyoacán pero con mar. Fue muy divertido y acabamos bailando al ritmo de los tambores.


Para el último día quedamos de vernos con unos amigos de Laura y fuismo a Hollywood. Fue bueno conocer el lugar donde en unos años pondre mis patitas en el cemento, si sigue la popularidad de este blog. Lo unico malo de Hollywood es que no hya mucha comida para un puercoespín, así que me tuve que conformar con ensaladas. Terminamos el día viendo las humildes casitas de Beverly Hills. Después de un fin de semana intenso en afectos y freeways dimos por terminada nuestra primer visita a California. Nuestro siguiente destino fue México en visita sorpresa

jueves, 20 de noviembre de 2008

Boston Wedding Party




Los puercoespines no tenemos ceremonias como los casamientos. Cuando nos gusta una hembra o a la hembra le gusta un macho simplemente se lo hacemos saber con un bailecillo, erizando nuestras púas y siendo más cariñosos. Luego lo demás pueden verlo en el Discovery Channel.

Pero como los humanos son algo aparte, le ponen crema al pastel de sus relaciones humanas haciendo ceremonias muy divertidas. Nuestros andares nos llevaron a Boston donde se iba llevar a cabo una de esas ceremonias conocidas como bodas. Los afortunados participantes son amigos de Alejandro y es por eso que hicimos el viaje desde Barcelona.

La estancia en Boston no fue muy turística, más bien fue filial. El primer día tuvimos una fiesta de tapas (si, tapas en Boston) como prólogo de la boda. Corrió mucho alcohol y muy buena comida. Yo descubrí lo sabrosos que son los espárragos y más si consigues alguna hormiga para acompañarlos. Así que entre Vinho Verde, Cervezas Sam Adams y tapas españolas se nos fue el primer día.

El segundo fue ocupado totalmente por la boda. Por segunda vez desde que pasó el cometa Halley, Alejandro se puso traje, así que eso me permite suponer que fue un evento importante. Yo me dormí en la ceremonia y eso que ni siquiera fue religiosa. Según me contó Alejandro el discurso del Dean del MIT fue muy bueno. Desperté para escuchar unos simpáticos mariachis y ya estuve en total forma para la comida y el baile.



Los dos días posteriores fueron los únicos dedicados al turismo. Acompañados por el recién casado, por su prima o por su melenudo hermano visitamos el Centro de Boston, el muelle y la maravillosa Zona Universitaria. A Alejandro se la caía la baba ante la perspectiva de estudiar en esa espléndida ciudad, rodeado de arbolitos y flanqueado por el río Charles. Para serles sinceros a mi tampoco e disgustaría mudarme por esos lares, salvo cuando llegue el frío y tenga que usar skis para salir a la calle.

martes, 28 de octubre de 2008

¡New York, New York!



Llegamos al aeropuerto de LaGuardia a las doce de la noche. El plan de Alejandro de caminar por So-ho y ver al atardecer en el Brooklyn Bridge se esfumó después de las seis horas de retraso en el aeropuerto de Philadelphia. Por fortuna, los transportes nunca duermen en New York y pudimos descubrir cuál bus debíamos tomar para acercarnos al Subway.


Unos españoles que no hablaban inglés se nos pegaron como sanguijuelas para aprovechar cualquier información que Alejandro obtuviera de entes locales (principalmente de chicas, obviamente). Gracias a una chica serbia y su novio llegamos hasta Lexington Avenue en la frontera de Manhattan con el Bronx. No es que tuviéramos miedo pero tantas películas que pintan al Bronx con colores peligrosos crispo nuestros nervios. Ignoro que pasaba por la mente de Alejandro pero yo temblaba al imaginarme el tamaño de las ratas que había en los socavones y túneles del metro de New York, mi miedo se sublimaba si pensaba en tantas películas y videojuegos que afirman que esos animales eran mutantes.



Para nuestra fortuna no nos atacó ninguna rata mutante y ninguna pandilla nos robó el equipaje, por lo que llegamos a salvo a So-ho para dormir 12 horas seguidas.


El día siguiente el plan fue comernos la Gran Manzana. Así que caminamos por todo Broadway Ave. hasta llegar al Centro de Manhattan. Llegamos a un lugar con anuncios luminosos por todas partes, que según Alejandro se llama Times Square y que yo recordé haberlo visto en alguna que otra película. Aunque parezca mentira dedicamos más tiempo a visitar una juguetería que el Empire State. Mientras Alejandro regresaba unos 20 años en el tiempo yo pensé en comprar algunas casas de Lego para hacerme una casita. También le dedicamos bastantes minutos a la tierra de los M&M’s.



Al día siguiente paseamos por Central Park, donde me encontré con un mapache muy amistoso que me platicó de la vida de los animalillos que viven en el gran pulmón niuyorquino. Me invitó a visitarlos otro día para que me presentara a las ardillas y los pájaros pero por desgracia solo nos quedamos tres días y ese lapso de tiempo en la Gran Manzana es como una cucharada de un gran platillo.



Lo más decepcionante del viaje fue la Estatua de la Libertad, pues además de cara resultó mucho más pequeña de lo que la muestran las películas. Lo que me hace pensar que Godzilla, King Kong o Cloverfield no eran tan grandes después de todo.


Se que Alejadro quisiera hablarles de la Zona Cero o de las canchas célebres de básketball, pero como este es mi blog no aparecerán aunque a Alejandro no le parezca. Así que los invito a leer el próximo post con la siguiente etapa del viaje, Boston!

domingo, 21 de septiembre de 2008

Start spreading the news



¡Alex and Scorchy were in the Big Apple! Así es, quién lo hubiera dicho a principios de año donde nuestro plan era conquistar Europa. La historia es larga así que la repartiré en cuatro posts.

Primero decirles que debido a que Carlos y Aiste (amigos de Alejandro) decidieron casarse en Boston, fue que emprendimos la aventura de conseguir una visa para Gringolandia. Para eso tuvimos que ir a Madrid a poner cara de buenos. A mi me sale muy bien pero Alejandro tuvo que esmerarse mucho. Además de pagar algo más de 100 euros tuvo que guiñarle el ojo al guardia americano y explicarle que sólo íbamos a una boda y no teníamos intención de quedarnos a trabajar pues el gobierno mexicano nos mantenía

Su encanto sólo sirvió para dos años de visa, pero dadas las circunstancias mundiales creo que dos años es suficiente, a no ser que se gane boletos vitalicios para la NBA, con lo que si tendríamos un problema gordo.

Para aprovechar el visado y desquitar los 100 euros del visado decidimos armar un itinerario completo. Nuestra aventura americana inició en New York.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Danubio y mujeres




Bratislava está a sólo una hora de Viena, así que una vez que nos pareció que habíamos visto todo lo que se debe ver en Viena, tomamos el bus hacia la segunda mitad de Checoslovaquia, es decir Eslovaquia.


A pesar de su cercanía con Austria, llegamos aun lugar completamente distinto. Poca gente hablaba en ingles, no había euros y había letras raras en los letreros. Pasamos graves problemas para encontrar la ruta al centro, por fortuna siempre aparecen buenas personas en los momentos más difíciles y esta vez apareció Verónica, una guapa eslovaca que nos ayudó a comprar boletos de autobús y nos indicó las atracciones de su pequeña pero pintoresca ciudad. Aunque haya rechazado tomarse una foto conmigo está en el club de Amigos de Scorchy por su buena obra y tierna sonrisa.


Una vez en el centro de la ciudad ya pudimos relajarnos un poco más y apreciar la ciudad. A Alejandro le llamó la atención la arquitectura comunista de los edificios mientras que Gaby se encandiló con un poster de chiles y quesos del mundo en eslovaco.


La ciudad es dominada por un castillo, que según nos dijeron es de los mas viejos de Europa. Desde ahí también se tiene una vista inmejorable del Danubio, lo cual hizo feliz a Alejandro pues Viena le había quedado a deber esa vista. Mientras yo me dedique a explorar la vegetación de los jardines del castillo y encontré unos bichitos rojinegros crocantes bastante sabrosos.


Una vez que bajamos del castillo, nos adentramos en las callejuelas de la ciudad vieja, donde encontramos iglesias con torres verdes, estatuas de bronce a mitad de la calle y una celebración del equipo de jockey sobre hielo local. A Alejandro se le iban los ojos cada vez que pasaba una eslovaca pues según él en este país hay el mejor Producto Interno de Féminas de todos los países que hemos visitado, hasta tenía la idea de ponerse afuera de una universidad con un cartel que hablara de sus cualidades, afortunadamente Gaby y yo lo hicimos entrar en razón y regresamos a Viena, algo apurados pues tuvimos que correr para no perder el autobús.


jueves, 14 de agosto de 2008

Ich liebe Wienna



Gracias a una apuesta que hizo Alejandro con la Gaby volamos gratis a Viena. Por si fuera poco tenemos buenos amigos en la ciudad de la princesa Sissy, así que tampoco pagamos hospedaje. Alejandro y Gaby se reencontraron con Poi y yo con la simpática Vale y su ejército de animalitos.

Nos quedamos en una casa enorme con mucho jardín donde pude comer catarinas y uno que otro gusano. En la casa también vivían un par de niñas más pequeñas que Vale de nombres Filomena y Serafina, que se divertían rascándome la pancita y presentándome amigos.

Por la ciudad les diré que Alejandro esperaba más de ella. Supongo que se imaginaría caminando entre palacios con una guapa austriaca de noble familia vistiendo uno de esos vestidos que parecen de algodón de azúcar. A pesar de su usual problema de expectativas, pudimos recorrer la ciudad alegremente, Patu, Gordu, Gaby, Alejandro y yo.

Lo primero que quisimos verificar fue el Danubio y ahí si nos llevamos una pequeña decepción pues es solo un pequeño ramal del río el que pasa por la ciudad. Aún así, Alejandro pudo imaginarse muy bien las grandes fiestas en los tiempos de Franz Ferdinand.

Lo que no fallaron fueron los palacios. Era como tener varios Palacios de Bellas Artes de México, uno junto a otro y uno más impresionante que el anterior. Visitamos todos los palacios por fuera pues estábamos reservando nuestro presupuesto para ver a un tal Klimt, el cual al principio supuse que sería un novio de Gaby pues se la pasaba hablando de él a todas horas. No fue hasta que entramos a un museo que me enteré que el tal Klimt era un pintor de un movimiento llamada de Secesión, que usaba oro y plata en sus cuadros.

Ya que vimos los cuadros de Klimt pues visitamos varios jardines que tiene Viena en su interior y que se llenan de lagartijas humanas al más mínimo rayito de sol. Por último nos mezclamos un poco con la sociedad vienesa pues asistimos al cumpleaños de Vale, donde se dejó venir un alud de niños austriacos que corrían, jugaban por toda la casa. Fue chistoso ver como el pobre Max (pareja de Poi) contaba las horas para que los papás vinieran a recoger a sus fierecillas.


Como se nos acababa el tiempo y teníamos palacios y jardines hasta en las amígdalas decidimos cruzar la frontera y pasar nuestro último día en Bratislava, Eslovaquia.